
Lomo Loco
Lomo Loco lleva treinta años siendo un clásico de Río Cuarto. El rebrand ordenó esa herencia en un sistema: un logotipo de peso que cita los carteles pintados de los clubes sociales argentinos, tres colores con función emocional asignada, y una ilustración de mesa larga que atraviesa todas las piezas sin terminar nunca.
- Posicionamiento
- Territorio de marca
- Tono de voz
- Manifiesto
- Logotipo y sello
- Sistema tipográfico
- Paleta cromática
- Manual de marca
- Ilustración
- Packaging y delivery
- Carta y papelería
- Señalética y fachada
Un clásico no se toca: se ordena
Un bodegón con treinta años ya tiene un público que lo quiere. El riesgo del rebrand nunca fue quedarse corto, sino ponerse moderno y perder la mesa de siempre. Había que actualizar el sistema sin que el habitué sintiera que le cambiaron el lugar.
Lo que queda después del último plato
El manifiesto lo decía sin vueltas: la sobremesa es el plato más fuerte. Así que la marca no se construyó alrededor de la comida sino de la mesa — quiénes se sientan y cuánto se quedan. De ahí salió todo, incluido el encastre entre la M y la C: dos formas que se ajustan como quienes comparten mantel.
Dos tipografías, tres colores, una mesa que no termina
Be Vietnam Pro ordena la lectura; Bernard MT Condensed trae el cartel viejo de bodegón a los títulos. Barn Red, Crayota e Ivory tienen función asignada: uno invita, otro contagia, el tercero abraza. El trazo lineal arma una mesa continua que se recorta distinta en cada pieza y nunca se repite igual.
Bernard MT Condensed
Cuatro versiones para no negociar ninguna
Vertical, horizontal, cuadrada y sello: cada una resuelve un formato sin pedirle al logotipo que se deforme. El sello funciona como emblema patrimonial en servilletas y packaging; la cuadrada aguanta el avatar reducido. El sistema baja a fachada, carta, delivery, uniformes y merch sin perder peso.










